viernes, 29 de abril de 2016

ALDEAS HISTÓRICAS PORTUGAL.- Etapa 2 Sabugal-Monsanto













Todo en este viaje estaba calculado para ir de menos a más, o mejor de bueno a muy bueno, los hoteles cada vez mejores, los paisajes y pueblos cada vez más bonitos, así que el tiempo se quiso sumar empezando por lluvias y oscuridades para ir mejorando y terminar en una traca final de sol y cielo azul. Así pues hoy tocaba un tiempo de nubes y claros, un pueblo final de maravilla (Monsanto), y una bonita casa rural portuguesa, pero tuvimos además una sorpresa final totalmente inesperada, que luego contaré.

El recorrido de aldeas históricas incluye hoy una de las imprescindibles, Sortelha, pero los alojamientos en ella son limitados, así que habíamos optado por dormir en Sabugal y hacer un bucle de ida y vuelta para conocerla. Fueron 24 kms en total que no se si merecieron la pena, el camino era de rampas duras y a media mañana tras mucho esfuerzo volvíamos al punto de partida, con una sensación de déjá vu poco agradable.

La salida de Sabugal como siempre bajando hacia el río por delante del monumental castillo en la loma, muchos enemigos debía de tener esta gente y siempre venían del mismo lado, de España. Primeros kilómetros por grandes pinares con pistas anchas de buen firme y pasamos la Aldea de Santo Antonio. Después por despoblados fantasmales (“Terreiro das Bruxas”, se llamaba el lugar), y al fin por una subida muy dura hasta lo alto de la montaña. Desde allí ya es todo bajada viendo delante las murallas y el castillo de Sortelha.

Sortelha nos gustó mucho, la ciudadela está construida sobre el monte de granito, con todos los edificios de piedra y el pavimento empedrado también, te da la sensación de estar en medio de un bloque gris y austero sin espacio para un poco de tierra, algunas macetas y naranjos suavizan un poco la vista. Paseamos por todo aquello, foto con el pelouriño, y de vuelta otra vez, el camino es ahora cuesta arriba así que nos parece algo menos bonito.

Por el camino viene un rebaño de cabras con su pastor en un Opel Corsa, ¡menudo vago!. Nos dice que los perros que trae muerden, que nos apartemos a un lado del camino. Así lo hacemos pero nos llevamos la impresión de que es una excusa para que no le desorganicemos el rebaño, bueno, tenemos claro que deben primar las actividades locales sobre las ciclísticas, y si este listillo se ha llevado la alegría de engañar a unos tontos españoles pues mejor.

Al fin desembocamos cerca de Sabugal, cerramos el bucle y nos encontramos en el mismo sitio que tres horas antes, pero más cansados. Ahora empieza la ruta de verdad, hacia el sur por pistas y paisajes de montaña, más arroyos y barrancos hasta llegar a Meimao, un pueblo bastante importante pero que no debe de tener ni un metro cuadrado horizontal, todo calles arriba o abajo salvo la parte baja, con monumento al emigrante y templete para orquestas. Se ve que a los emigrantes portugueses les fué peor que a los españoles o bien eran menos fantasmas, porque por aquí no se ven casonas de indianos.

Al rato bajada hasta el embalse de Meimao, extenso y muy ramificado, que nos obliga a pasar hora y media ciclando por las pistas de las márgenes hasta rodearlo y poder cruzar sobre la presa. No es mal paisaje, pero de nuevo tenemos la sensación de ir dando vueltas sin avanzar claramente hacia el objetivo.

A eso de las tres, muy tarde para los estómagos portugueses, llegamos a otro pueblo de nombre parecido, Meimoa, y contra todo pronóstico encontramos un restaurante abierto donde nos dan una fantástica comida por el ridículo precio de 7€. Cinco platos de sopa de pescado por barba, dos de bacalhau (dourado esta vez), postres de cocina, cafés y muchas cervezas nos matan finalmente el gusano de la tripa. El restaurante está lleno de gente del propio pueblo, no me extraña, yo tampoco cocinaría si tuviera cerca un chollo como este.

Salimos de nuevo a los caminos arrastrando el tripón, pero la ruta es tan bonita que pronto empezamos a disfrutar de nuevo, prados de vacas, grandes extensiones de unas flores amarillas que no conocemos pero que huelen muy  bien, más dehesas de alcornoques, subidas y bajadas, y también nuevos vadeos. Pasamos Penamacor y Aldea do Bispo y aprovechamos una gasolinera para dar un manguerazo a las bicis que ya van sonando a carraca con tanto barro acumulado, arreglamos algún pinchazo, y ya entre unas cosas y otras avistamos a lo lejos un cerro de bolones de granito y arriba Monsanto, nuestra meta de hoy.

Monsanto está en lo alto, pero mucho, tenemos aquí el último sufrimiento pero ya se hace con muchas ganas. Preguntamos a las señoras del pueblo dónde está el hotel “Casa do Chafariz”, pero ellas solo nos entienden la última palabra, chafariz significa “caño”, así que nos mandan repetidamente a la fuente del pueblo. Al fin entramos en el casco medieval y en lo alto está el hotelito, con la puerta cerrada. Llamada a la Senhora Celeste que es la encargada, y se planta allí en un momento y nos abre la casa que es espectacular, con un patio empedrado y grandes habitaciones alrededor, algunas con la pared del propio piedrón de granito.

Cómo llegaremos de barro y mojadura que la señora se ofrece amablemente a lavarnos y secarnos la ropa gratis, lo agradecemos y llenamos tres bolsones de ropa embarrada, qué bueno, esto es como cuando de pequeño llegabas del fútbol y dejabas todo tirado por el suelo del baño y milagrosamente al dia siguiente aparecía todo lavado y planchado sobre la cama. Manguerazo a las bicis, duchazo a nuestras personas, y salida por Monsanto a buscar un sitio para el “yantar” (la cena), estamos fuera de temporada y todo parece cerrado. Después de vagar por el pueblo llegamos al único sitio abierto, “A Taverna Lusitana”, un bar pequeñito donde nos ofrecen unas tablas de quesos y “enchidos” y unas cervezas, nos vale, aquí haremos la cena.

Y en ese momento ocurre algo inesperado que se convierte en una de esas experiencias que recordarás toda la vida. Empieza a entrar gente con fundas de instrumentos musicales, se sientan, se piden un hidromiel y se ponen a darnos una jam session de música tradicional en directo increíble. Hay un escocés que toca el banjo y la guitarra hawaiana (steel guitar), un portugués y un inglés con guitarras, y una checa con violín que parece recién salida de un conservatorio ruso. Tocan como los ángeles música celta, clásicos de Pete Seager, Beatles, de todo. Al rato el ruido atrae a un polaco jovencito que ve la oportunidad de beber gratis y vuelve con un pandero, pero este tocaba bastante peor. Nos cuentan que pasan el invierno en Monsanto, se han conocido allí y han formado este grupo desinteresado, no cobran por tocar, lo hacen por el disfrute y porque les gusta la música. Esta gente bohemia a mí siempre me alucina. Les pagamos una ronda y eso es todo, al cabo de casi tres horas de concierto nos retiramos al hotel. Estas cosas inesperadas que te ocurren en la bici le dan mucho encanto al tema, me recordó aquella vez que Nico y yo nos encontramos en el pinar de El Hornillo a un tío con un violín que nos dio una serenata solo por el gusto de hacerlo.

Aquí se acaba el largo y emocionante día, 87 kms y algo más de 1.400 mts de ascensión, nos quedamos durmiendo como reyes en nuestros camones entre las bolas de granito, mañana amanecerá otro dia de ciclismo, eso sí, con la ropa seca y planchada.



miércoles, 27 de abril de 2016

ALDEAS HISTÓRICAS PORTUGAL.- Etapa 1 Almeida-Sabugal

Quedamos dormidos en el hotel A Muralha tras una copiosa cena (me encanta eso de copiosa) portuguesa de las de antes, un “Menú Turístico” a 16 € que incluía un sopón de verduras y un estupendo solomillo de vaca con huevo o una gran ración de bacalhau a Bras, o frito, o con salsa de gambas y cervezas a voluntad. Se durmió como se pudo con ese exceso en la tripa y con los ronquidos del compañero, aquí cada uno sabe lo que hubo, que dormimos de dos en dos.

Al dia siguiente diana no muy tempranera porque había que esperar que llegara el pan del desayuno, en todos los hoteles nos pusieron esa excusa para refrenar nuestras ansias madrugadoras. El dueño nos permitió dejar los coches en su aparcamiento, cuatro días después estaríamos de vuelta para recogerlos. Durante el desayuno briefing oficial a cargo de Miguel, él hablaba explicando pueblos caminos y perfiles, pero cuando la vaca está rumiando suele dejar la mente en blanco así que no se nos quedaba nada. Da igual porque  luego el día se pareció a lo explicado como un huevo a una castaña.

Preparativos y engrases, unos con herramientas y aceite propios y otros, los de siempre, tomándolos prestados, mejor no dar nombres no sea que yo mismo no quede muy bien. Por fin a las 8,30 salida oficial por las calles de Almeida, o mejor, pre-salida oficial porque media hora después hubo que volver por uno que se había dejado la cartera.

Tras una vuelta turística por las murallas salimos bajo el arco para empezar a buscar las pistas que nos acabarían dejando en Sabugal a media tarde. El día nuboso y con lloviznas pero menos malo de lo que prometían los pronósticos. Primeros kilómetros en una refrescante cuesta abajo y parada sobre el puente medieval del río Coa, que se encajona allí en un rugiente desfiladero, con las lluvias recientes el caudal era tremendo así que mejor no pensar que luego tendríamos que vadearlo aguas arriba.

Vamos recorriendo las pistas embarradas y superando los arroyos de una u otra forma, en el primer pueblo nos cruzamos con unos rebaños de extrañas ovejas que tienen cuernos, ellos y ellas, así como churros retorcidos y abiertos, me he documentado y es la raza Mondegueira, propia de esta comarca de La Beira. Los pastores que las llevaban eran de raza normal portuguesa y muy deseosos de hablar, como todos los pastores que nos encontramos siempre.

A media mañana llegamos a Castelo Mendo, otra de las Aldeas Históricas. Entramos por la puerta de la muralla y nos damos una vuelta por el castillo y las calles empedradas, y nos hacemos la inevitable foto en el “pelouriño”, la picota o rollo donde encadenaban a los delincuentes para ejemplo general, los veremos en casi todos los pueblos.

Larga bajada por un camino flanqueado de huertas y alcornoques centenarios, baja y baja y llegamos al fin al río Coa, pero esto parece el Ebro, su caudal multiplicado por diez ruge y ocupa de orilla a orilla el cauce, hay remolinos y arrastra ramas, el cartelito indicador del GR22 y del vado están casi bajo el agua. Nos miramos en silencio y no hay que hacer votaciones, por aquí no vamos a pasar, media vuelta y a remontar el cauce interminablemente para buscar un puente. Este incidente nos cambia los planes, se acabó el briefing, ahora será cosa de sobrevivir y salir por donde podamos.

Remontando junto al río por caminos embarrados acabamos en una zona de molinos de agua abandonados, vadeamos varios arroyos y llegamos al pueblo de Jardo, aquí hay puente y por fin cruzamos. A estas alturas estamos mojados y embarrados, y con esa sensación de estar dando vueltas y no avanzar kilómetros de verdad.

Dios aprieta pero no ahoga, así que a partir de este momento los caminos pican para arriba y salimos de las profundidades de los valles sombríos subiendo hacia paisajes más despejados, lomas ventosas de granito duro y pueblos austeros y despoblados, Porto da Ovelha, Vila Maior, Rebolosa, muchos perros ladradores pero cero personas salvo en los localitos de la Junta de Freguesía y en el Hogar del Jubilado. No hay restaurantes abiertos a estas horas de comida españolas (ni a otras, me temo), así que apañamos en un bar tristón una triste “comida” con unas cervezas y unas bolsas de patatas y cortezas (turreznus), esta será la solución también otros días.

Finalmente a eso de las siete llegamos a nuestros destino, Sabugal, un pueblo grandón y más moderno, aunque también con castillo y restos de muralla. Alojamiento en el Hotel Robalo (lubina), un establecimiento moderno y bastante correcto donde su emprendedor propietario, el  Señor Robalo, oficia de recepcionista, director, barman, mozo de lavado, aparcabicis, técnico de mantenimiento y hasta de cocinero en el vecino Restaurante Robalo. Me recordaba esas marionetas en las que el mismo teleñeco sale de detrás de cada mostrador vestido con un uniforme diferente cada vez.

La cena en el restaurante Robalo, próximo al hotel, una antigua cuadra reformada con techos de madera, luces bajas y grandes jarrones de azucenas naturales, un entorno que seguramente merecía un público más romántico que estos siete ciclistas hambrientos. Mas estupendo bacalao frito con ajos esta vez, sopas, entremeses, ensalada de pamplinas (Maruxas), opípara cena aunque a precios algo altos para Portugal (22 €). Nos despedimos del Senhor Robalo, impecablemente vestido de cocinero esta vez, y nos vamos a la cama.

Primera etapa de 84 kms. Y 1.500 mts de ascensión, dura y mojada pero con hermosos paisajes, mañana a desayunar a las 8, cuando haya venido el pan.


martes, 26 de abril de 2016

ALDEAS HISTÓRICAS DE PORTUGAL.- Etapa Cero

Ya estamos de vuelta de nuestra excursión betetera por las Aldeas Históricas de Portugal, bien lo hemos pasado los siete ciclistas, Nico, Miguel, David, Albi, Juan Manuel, Joaquín y yo mismo. Hemos tenido un tiempo estupendo para el ciclismo de montaña, con casi todos los climas posibles concentrados en cuatro días de peor a mejor, empezando por lluvia y pelea contra los charcos y acabando con un cielo azul y sol espléndido que ha dejado las frentes de algunos quemadas como la de un guiri, hay que ir preparado para todo y echarse crema solar debajo del pasamontañas.

Llevábamos tiempo preparando esta salida, tradicional todas las primaveras (y todos los otoños), tras varios descartes iniciales elegimos la zona de las Aldeas Históricas Portuguesas, está aún poco transitada (nos costó encontrar tracks y blogs en la fase de documentación), pero es una zona con futuro para el turismo ciclista.

Ya he descrito otras veces los roles del equipo habitual: Nico y Miguel como Sherpas primero y segundo, trazadores de rutas, mecánicos  y documentalistas gráficos; JM como conductor y bier provider, y yo mismo en la intendencia de alojamientos y cronista. Las nuevas incorporaciones entran como aprendices de todas estas tareas según sus gustos, muy pronto nos irán sustituyendo y podremos los demás prejubilarnos, ceder la responsabilidad y dejarnos llevar en carroza.  

Tras muchas discusiones iniciales el trazado quedó ya bien decidido: Almeida – Sabugal -Monsanto - Castelo Novo - Dornelas do Zézere, y vuelta en un microbús hasta Almeida. Dos tendencias aquí como siempre, los partidarios de matarse a kilómetros y ascensión que querían completar todo el trazado circular en cuatro días (incorporando Linhares y Trancoso y atravesando toda la Serra da Estrelha), y los prudentes o turísticos o tripeiros, que buscaban un recorrido más relajado que nos permitiera ver con calma las aldeas y monumentos, los amigos lectores del grupo ciclista ya han situado mentalmente a cada quién en su bando. Al final se llegó a un entente y quedó un recorrido exigente pero con tiempo para casi todo, hicimos la mitad sur y para otra cita queda la mitad norte.

Nos había advertido nuestro amigo ciclista portugués Nes (ficamos muito obrigados), de que es prudente hacer estos recorridos en tiempo seco, porque hay que vadear muchos ríos sin puente, así que después de quince días de lluvia continua nos lo estábamos pensando, pero con todo ya listo y los permisos laborales quién aborta el plan, allá que nos fuimos. Luego gozamos mucho metiéndonos en el agua o remontando ríos hasta casi la cabecera, dificultad añadida y diversión inesperada.

Portugal nos gusta mucho, los alojamientos son buenos y baratos, los paisajes muy verdes y los pueblos monumentales y bien conservados. Por estas zonas interiores aún es posible comer como antes se comía en Portugal (por Lisboa ya no), es decir, a precios baratísimos y con raciones generosas de cosas muy ricas, estupendas sopas espesas, bacalaos en todas sus formas, carnaza y muchas verduras sanas y ensaladas (para acompañar). Eso cuando encuentras dónde comer, porque en tres ocasiones nos sorprendió la hora del almoço en un pueblo sin restaurantes, y tuvimos que engañar el hambre hasta la cena con unas cervezas y unos bolsones de patatas.

La gente en los pueblos es muy educada, siempre te desean  “Bom día” y siempre tienen ganas de ayudar. Me refiero a la gente que vimos, porque hay muy poca gente en los pueblos, algunos los atravesamos sin ver una sola persona, seguramente en verano la cosa es distinta. En cambio los perros portugueses no son amigables, hay docenas, encadenados en sus casetas y ladrando y enseñando los dientes, así se justifican y se ganan su mendrugo, ¡qué bulla!.

 La naturaleza está hermosa, al menos ahora en primavera, el paisaje dominante es de amplias dehesas verdes de encinas o de inmensos alcornoques, el corcho debe valer mucho dinero, porque hasta el último y más aislado del país está descortezado. Muchos ríos de todos los tamaños pero casi siempre de aguas claras, debe de haber muchas truchas aquí, me recordaba en eso a Asturias o Galicia. Sierras y montañas de granito que hacen un curioso paisaje de berrocal, la mayoría de los pueblos edificados en lo alto, algunos como Monsanto con las casas hechas sobre o entre las propias bolas de piedra. El cultivo de moda este año parece ser la colza, se ve que las subvenciones europeas han cambiado porque ya no hay girasoles, no importa, la colza da también bonitos campos de flor amarilla. Muchos olivos, algunas cepas viejas y poco cuidadas, muchos pinares y cómo no, eucaliptales que van cubriendo más y más extensión, las pistas en ellos aparecen resecas y arenosas.


Terminamos con esta etapa cero, para el próximo blog dejamos ya la acción ciclista, la cosa promete de barrizales, vadeos y subidas imposibles pero hoy no, mañana…

lunes, 18 de abril de 2016

17/04/2016 ¿Qué importan los kilómetros?



Estoy intentando recuperar los blogs que tuve y que desaparecieron en el colapso de Blogsome, mi alojador primero. He comenzado dividiendo los temas en dos blogs distintos, porque este de Blogger no permite dividir por temas, o al menos yo no sé. He puesto por ahí el blog de viajes, http://sigamosalsherpaviajes.blogspot.com.es/ y aquí reinicio el de la bici. Iré escribiendo según ande de ganas, y si no tengo muchas tal vez recicle algún artículo del blog antiguo, me han dado por ahí una página que, increíblemente, guardó automáticamente todos los blogs del mundo (WaybackMachine), y increíblemente también ahí están todos mis viejos posts, eso sí, sin las fotos. Si alguien tiene nostalgia, están aquí: Viejos blogs

Esta mañana nos hemos acercado a una ruta que teníamos muy injustamente olvidada, la subida del Rio Moros. En tiempos esta era una de nuestras favoritas, pero con los años nos hemos hecho más machacas, y una ruta que no tenga al menos 50 kms y 1.000 mts de ascensión nos parece una mariconadilla indigna de nuestros empeños dominicales, qué tiempos aquellos en los que empezábamos en esto de la BTT y Rio Moros era una de nuestras míticas, ahora si la hacemos tenemos que añadirle cabeza y rabo, como empezarla abajo en El Espinar o seguir arriba hasta la Fuenfría, qué ambiciosos. Esta mañana Paco  yo recordábamos el miedo que nos daba la primera subida tras la valla, algo así como 200 metros de acumulada, pardillos éramos.

Nos reunimos en el chalet derruído Paco, David, Albi y yo mismo, con la nueva incorporación del amigo Fran, tío majo y de buen nivel, quedó encantado con todo, con el precioso paisaje, con la hora tempranera de salir y de volver a casa (tiene dos niños muuuyyy pequeños), y con la cañota con limón que nos tomamos al final en el bar del puerto.

Con nuestro Sherpa principal (Nico) haciendo una carrera de bici en Melilla, y nuestro sherpa segundo (Miguel) haciendo no sabemos qué, los demás decidimos tomarlo con calma y hacer una ruta turística y contemplativa y dedicarnos más a la cosa del paisaje. Después de días y días de caer agua hoy el tiempo dio tregua y se puso un día azul azul, aunque frío. A las 8,30 (otro relajillo frente a lo habitual) salimos por el camino que se adentra entre los pinares y que tenemos ya tan trillado desde hace… más de quince años, da vértigo pensarlo.

Saltamos la valla y empezamos a resbalar por los barrizales, aquí hay siempre una fuerte actividad forestal  durante la semana, y el domingo está todo embarrado y lleno de ramas rotas. Eso sí, siempre comentamos lo bien que lo hacen los segovianos, siempre sacando madera y siempre tienen el bosque precioso, limpio y espeso, un ejemplo de explotación sostenible. Llegamos a la valla de la zona protegida, allí está el cartel que avisa de la prohibición de paso entre el 1 de julio y el 30 de septiembre, por los incendios, pero no estamos en esas fechas, y con el agua que ha caído no se puede encender ni un fósforo. Pasamos la valla por el hueco entre pilares que hay a la derecha, qué gracia, otra señal de la tira de años que llevamos sin venir, o han estrechado el paso o algunos han ensanchado su cintura un poquillo,  han tenido que retorcerse para pasar, y a poco se quedan allí atascados. Ah, vale, que era porque llevábamos mucha ropa encima.

Tomamos el ramal derecho, de buen firme de asfalto de montaña rugoso, y empezamos a subir a tren, agrupados y charlando, como digo hace años esto nos parecía durísimo, ahora es un paseo. Pinos albares altísimos y con ese color de corteza marrón rojizo que parece que estemos en Oregón, cascadas por todos sitios, prados muy verdes, firme mojado y jirones de vapor que se desprenden de los troncos y se elevan, mirando el valle desde arriba parece que haya un montón de incendios. Al fondo siempre la cordillera nevada, pedazo de paisaje.

Al llegar a los refugios empezamos a pisar manchones de nieve, muy profunda e imposible de ciclar, al principio los vamos sorteando o los pasamos por alguna rodada profunda que dejó el todo terreno de los forestales, comentamos que es una prueba de habilidad ciclista que nos recuerda el examen del carnet de moto, cuando había que hacer la tabla sin salirse.

Arriba del todo un par de grandes parches nevados que nos hacen bajarnos, y llegamos a la prueba mas dura, la pista que enlaza este tramo con la subida al collado de la Mina, de porcentaje y firme imposibles. Todo el mundo sabe que si subes esto sin echar pie a tierra estás en la élite, y queríamos probar nuestro nivel pero ¡qué  pena! está lleno de nieve, impracticable. Parece que todo se ha conjurado para que nuestro día sea muy plácido, así que sin sentirlo demasiado nos ponemos a comer lo que llevamos, charlando junto a una poza del río.

Terminamos y nos tiramos cuesta abajo, esto es lo que tiene esta ruta, que no engaña, la mitad es para arriba y la otra mitad para abajo. Paramos un momento a hacernos fotos en la presa del embalse de Las Cabras, está a tope de agua y con la montaña blanca detrás, parece un lago suizo. Baja y baja y llegamos al pie, cruzamos el puente sobre el Moros y pillamos el desvío de la izquierda que te vuelve a subir casi hasta arriba del primer tramo, esta variante la hacemos para meter metros cuando nos da vergüenza torera, y hoy era uno de esos días.

Son cuatro kilómetros de subida sostenida, yo ando con ganas de recordar cómo era este tramo y meto mucho desarrollo para hacerlo rápido, al fin vamos llegando arriba de nuevo, uno tras otro según motivación y estado de forma. De nuevo en grupo para abajo, por un momento pensamos meterle más tramos al dia, pero somos unos irresponsables y nos apetecía echar un rato tomando unas cañas, así que desechamos la idea rápidamente y deshicimos el camino hasta los coches de nuevo.

Parada arriba del puerto, en el mesón Hilario, donde nos pegamos unos copones de cerveza con limón que nos entraron de maravilla, eso sí, con tapa algo escasa. Las raciones tenían un precio prohibitivo, lo que agradecieron nuestros michelines, porque sin más pagamos y nos fuimos viniendo para Madrid.


Una ruta muy disfrutona con “n” kilómetros y tantoscientos metros de subida, hoy se trataba de hacer turismo y pasar una buena mañana con los amigos, no quedará para los records, pero ¿a quién le importan los kilómetros? 

martes, 28 de abril de 2015

En Bici por el Moncayo (2)



Aprovecho la inercia de la cuesta abajo para remontar la siguiente tachuela y contar el segundo dia de nuestra excursión ciclista por la sierra del Moncayo, no bajes piñones, solo hay que girar los pies con mucho desarrollo y enseguida estarás arriba.

Nos quedamos en el artículo anterior en el albergue de Talamantes, como dueños y señores de la sala de literas, cada uno escogió la que quiso, arriba, abajo, cerca o lejos de la ventana, e incluso usamos el baño de chicas, ventajas que tiene el ser el único grupo del dia. Nos levantamos temprano y a las 8 estábamos, como acordado, en el comedor, con las maletas listas y esperando el desayuno. Pero el ritmo de Bárbara y Arturo no era nuestro ritmo, hay que calentar el fogón, freír todo lo freíble, dónde vais tan pronto que no hay prisa, al final a las 8,30 nos sentábamos delante de una gran fuente llena de huevos fritos, chorizo, jamón, bacon longaniza y todos los productos del cerdo que pueden pasar por una sartén, gran desayuno que nos dejó para el arrastre, a ver quién coge una bici para pegarse 2000 metros de ascensión después de esto.

Pagamos el ajustado precio, nos despedimos de la pareja y salimos por el río ya bastante tarde, el día entero era nuestro para dedicarlo a la bici. Enseguida nos cruzamos con un grupo de Ruedas Finas que nos gritaron que eran de Tauste, estos debían llevar pedaleando desde las siete. Remontadas tempraneras por una pista pedregosa y de porcentajes inverosímiles, vamos comentando que las zetas asustan cuando las ves de lejos, pero que en el fondo son signo de civilización, de ingeniero de caminos con oficio, las zetas ayudan a subir grandes alturas con porcentajes soportables, lo malo es cuando han trazado todo recto hasta lo alto de la loma, como en este caso, vas remontando porcentajes superiores al 20% y acordándote de los parientes del caminero.

Superamos valles y lomas siempre más alto, hoy es el dia más duro según los perfiles de ruta con unos acumulados que deberían superar los 2.000 metros. El paisaje en esta zona de la sierra está completamente quemado, lleno de esqueletos de encina chamuscada, una pena. Miguel nos comenta que ha tenido que estar ardiendo muchísimo tiempo sin que lo ataquen para producir tanto daño y tan extenso, no sabemos cómo andarán en Aragón de medios contraincendios. Tras mucho rato de este triste panorama pasamos a otros valles y aquí sí, el encinar se salvó y está verde, lleno de matos de romero y mejorana florecidos, con el ojo y la nariz alegres se nos hacen más cortas las subidas. Llegamos a un torrente que se hace arroyo y nos baja al pueblo de Calcena, con su alameda, sus corrales y sus caminos llenos de cagadicas de oveja, son olores distintos que los de hace un rato, tampoco malos.
 
Tramos de carretera y el río nos va metiendo por desfiladeros rojos, de acantilados llenos de cuevas, arriba vuelan los buitres y más arriba vemos en lo alto de las peñas a varios cientos de metros de altura la pista que nos espera, si pudiéramos tomar un helicóptero que nos dejara allí estaría bien, pero no disfrutaríamos tanto, claro. Curva a la izquierda y aparece Purujosa, subida en una colina con
sus casitas apelotonadas y del color del acantilado, al borde del precipicio, allí no llegaban las riadas ni los moriscos, pero esa seguridad se paga con una vida de subir y de bajar para todo, seguro que la gente tiene en este pueblo buenas piernas. Por un momento dudamos si perdernos la visita a un pueblo tan precioso y pasar de largo sin subir el cuestón, pero habíamos llamado al albergue anunciando que comeríamos o tomaríamos algo,  así que hay que cumplir el compromiso. Nos sentamos a descansar y tomar unas cervezas y unas olivas ricas, con mucho ajo, y yo compro un frasco de miel de 1kg, me puede lo que me gusta, ya lo pagaré acarreándolo en la mochila todo el día.

Una hora después ya estamos arriba de la pista viendo abajo la carretera que antes llevábamos, no ha sido tan duro una vez que te pones. Delante tenemos una desnuda cordillera caliza con cuevas en la base que parece una fila de muelas, “cariadas”, dice JM, “más bien con periodontitis”, puntualiza Nico. Pinchazo y aprovechamos el momento para descansar y tomar una barrita antes de afrontar el
único cuestón del día cuyo porcentaje nos vence, a meter riñones y empujar un buen rato.

Superado el trago seguimos por las pistas entre los pinares y casi sin sentir llegamos al refugio de La Majada Baja, pese a su nombre es el punto más alto del día si descartamos la caminata a la cumbre del Moncayo, que la descartaremos. Sorprendentemente la puerta está abierta, el interior bien remozado y limpio y hasta hay leña para el fuego, no como en otros que hemos visto, vandalizados. Aquí agarramos los bocatas de Bárbara para darnos un homenaje, madre mía, media barra de pan tostado con tomatillo rallado y aceite, y con al menos cuarto de kilo de jamón de Teruel, nunca me había comido un bocata tan pródigo, es pecado inflar así el pan habiendo bocadillos por ahí que pasan hambre, con su lonchita magra. Nos aplicamos con ganas y media hora después tenemos que envolver en el albal al menos la mitad, no hay quien pueda con todo. Nico trata de darnos envidia con el suyo, de tomate atún y anchoas, pero a la vista salta que no hay color, el suyo está mojado y se deshace.

Arrancamos de nuevo y enseguida el GPS marca el desvío hacia la variante del dia, el ascenso por la
ladera hasta el mismo pico del Moncayo, habíamos decidido no hacerlo por diversos motivos: es zona protegida y nos han dicho que no se puede ciclar, no hay pista, las retamas cierran el paso y un poco más allá hay nieve profunda. Nico odia renunciar a sus objetivos, así que se empeña en al menos intentarlo, y nosotros le seguimos un ratillo. Al poco nos damos la vuelta pero él no negocia, empuja la burra por los retamares y nos hace señas de adiós, así que lo abandonamos a su suerte y volvemos a la pista. Bajamos con un poco de remordimiento por el abandono y vamos viendo arriba la enormidad del desafío, el gran pico lleno de nieve, Miguel y JM apuestan a que no llega, pero yo se lo empecinado que puede llegar a ser, y dudo.

Al rato llamada en mi móvil, no se oye nada pero esperamos y poco después llega por la pista, se ha dado la vuelta al poco de dejarnos, demasiada nieve. Ya los cinco juntos disfrutamos la gran bajada y la variedad de paisajes, pinares, hayedo, acebal, roble, siempre por bosque fresco y siempre bajando, nos lo merecemos después del dia agotador. Abajo está el aparcamiento de los turistas que han llegado allí con menos esfuerzo que nosotros, cascadas, un refugio de montaña, acequias a los lados y muchísima agua.

El plano de ruta indica que hay una última subida ahora, y en la pista un letrero dice: Santuario 2 kms. Así pues alegría, quedan 2 kilómetros y unos 50 metros de ascensión, y aunque amenaza lluvia nos da igual. Mal, mal… todos nos engañaron, quedaban casi seis kilómetros (dos era por el atajo de andar), y otros 300 metros de subida, y se puso a granizar con rabia, así que ese último rato se nos atragantó bien, y llegamos al Santuario pidiendo socorro, agotados y bien remojados. Eso sí, en las últimas rectas salieron unos rayos de sol que nos regalaron una vista preciosa de arco iris entre mantas de agua con los pueblos al fondo, foto de portada.

Extraño este dormidero del santuario, un antiguo seminario o albergue para peregrinos un tanto monacal, pero limpio y bien mantenido. Los curas lo vendieron hace cuarenta años a una familia de la zona que se va dedicando a la hostelería en el filo de la rentabilidad y contra viento y marea. No hay traída eléctrica y funcionan con generador, el camino de llegada está lleno de piedras y el quitanieves no llega hasta allí, parece que el Gobierno de Aragón lo quiere comprar pero gratis, y en esa pelea están todos. Flora dirige el cotarro con mano de hierro en guante de hierro, nos había advertido de que no abriría si no hay un grupo de 20 (su break even), así que en realidad no sabíamos si dormiríamos hoy a cubierto o al raso. Aparece por fin el grupo de 20 y resulta que son solo 18, con lo que se ganan un broncazo de Flora, pero todos tomamos nuestras habitaciones y nos duchamos en los baños comunes (dos por pasillo), y ya todo se amolda y tranquiliza.

Subimos a pasear por el último tramo al Moncayo, hay bastante nieve y el camino está lleno de pinos derribados, estamos haciendo hambre para la cena, como si no tuviéramos ya bastante. Por suerte la especialidad del establecimiento es la comida, tienen buena cocinera y nos tomamos una sopa de pollo espesa que sabe a pollo, y unas albóndigas con salsa de tomate natural, estas cosas se notan. La calefacción funciona bien así que dormimos a gusto, eso sí, no hay enchufes para recargar los móviles, el generador no da para tanto.

Aquí nos quedamos dormiditos tratando de recuperar las piernas tras 65 kilómetros y más de 2000 metros de ascensión, un buen segundo día que era el más duro según los mapas, pero los firmes han sido buenos y el tener tantas horas por delante te permite repartir el esfuerzo. Mañana tenemos la última etapa, en teoría de transición y bajada, pero ya veremos que las cosas no son como salen en el papel, será otro dia duro con paisajes muy diferentes, voy a reunir fuerzas yo también para contarla. 

viernes, 24 de abril de 2015

En bici por el Moncayo (1)


FOTOS DE LA RUTA

Un año más de escapadas ciclistas primaverales, y van nosecuántos, esta vez por las duras tierras aragonesas, al macizo del Moncayo. Cinco amigos, cinco bicis de montaña, una furgoneta y permiso laboral y familiar para tres días de ausencia, gran combinación para pasarlo bien.

Nico, Miguel, Juan Manuel y yo mismo, esta vez con el añadido de David que se atrevió a embarcarse en los tres días de palizones, muy bien, estuvo a la altura. El reparto habitual de roles, que tras varios años tenemos ya rodado: Nico como organizador general, primer GPS, sherpa y relaciones públicas con nuestro contacto local Moncayoman (gracias Raúl, fantásticos los tracks y el apoyo logístico y moral), Miguel como meteorólogo residente, pulidor de mapas e interpretador de paisajes, Juan Manuel como encargado de transportes y segundo GPS, y yo mismo en la logística de alojamientos y cronista, cada año estoy más perro y me cuesta más darle a la tecla. David como Bier Provider, este primer año  más bien como aprendiz del oficio. 

Tres rutas para tres días por el interior del macizo del Moncayo, muy duras las dos primeras (2.000 mts de ascensión cada dia), más llevadera en teoría la tercera, que luego nunca es así. El panorama era exigente, pero no tanto si piensas que en El Soplao te haces exactamente lo mismo, pero concentrado en un solo dia.

Recogida en Madrid según lo previsto, cada uno hizo lo que pudo en su trabajo y con su coche, pero a la hora acordada las cinco bicis y todos los equipajes estaban en la furgo y salíamos de camino. Los pronósticos meteorológicos eran malos para todo el fin de semana, pero de momento el tema aguantaba y Alguien desde allá arriba nos regaló un larguísimo atardecer con sol, nubes, luz rosada y hasta arco íris, que nos hizo llevadero el viaje por los campos de Soria y Aragón. Charleta recordando otros viajes anuales, el mejor sin duda el del Camí de Cavalls de Menorca. A diez kms de Tarazona contacto telefónico con Raúl Moncayoman al que pillamos cortándose el pelo, mucha polémica dentro del coche sobre si era mejor encontrar el hotel por nuestros medios e instalarnos y después contactar, o tirar de Raúl desde el principio y para todo. Unos partidarios de la autonomía y otros de la relación humana.

Bien el hotel Condes de Visconti, un antiguo palacete-convento en el casco viejo, tipo boutique, con una encargada simpatiquísima, joven y muy aragonesa deseosa de ayudar y arreglar los problemas, da gusto, desde que existen los Booking y los Tripadvisor la gente del turismo está deseosa de lograr buenas puntuaciones, y los hoteles con encargados bordes y habitaciones cutres sencillamente desaparecen. Y aquí vino el primer e inesperado problemón: solo había camas de matrimonio, había que dormir de dos en dos sin remedio, el hotel estaba lleno. Hicimos ver a Pilar que éramos todos hombres, y ciclistas, pero ella nos dijo que eso no indica nada, que últimamente en la recepción de un hotel se ve de todo. Ya nos veíamos eligiendo pareja de baile y construyendo un tabique de almohadas, pero al final todo se arregló con buena voluntad: pusieron una cama supletoria y nos regalaron otro cuarto, la suite nupcial, Miguel fue quien disfrutó la gran cama, la salita y el jacuzzi, creo que a solas. 

Salimos de tapeo con Raúl, un tío grande y simpático, con fuerte acento aragonés también. Aquí debo hacer una aclaración, yo pasé la niñez en Tauste, así que cada vez que oigo el acento de Aragón me emociono. Con él nos fuimos de cañas y cena-tapeo de diseño por varios bares, huevitos fritos de codorniz, loncha de foie a la plancha, esa es otra, hoy te encuentras super cocina por todas partes, al menos en España. Le cogimos a Raúl unas equipaciones de su club, David y yo aparecemos en las fotos con ellas, estupendos los culottes con badana gruesa que nos hicieron más llevaderos los tres días de sillín.

Y vamos a la ruta, que me demoro con los preparativos, debe ser que me da pereza enfrentarme al palizón. Desayuno contundente con jamón de Teruel, allí estaba de nuevo Pilar para preparar el café (¿pero cuándo duerme esta mujer?), bollos y de todo, breve preparación de las bicis y salimos los cinco con la fresca remontando junto al paseo del río. Parada en la plaza de toros, curiosísima, una corrala octogonal donde de verdad vive gente, miradas a los GPS y primer cortocircuito: nosotros salimos por los chiqueros y Nico sale por los toriles y se nos pierde (él dice que los perdidos éramos nosotros, pero son matices). Por fin salida de la ciudad los cinco a tren por los corrales de ovejas, las eras, las huertas, los olivares y finalmente los trigales, todo por ese orden, se repetirá en todos los pueblos que vayamos abandonando.

Pistas anchas que alternan con veredas estrechísimas, cruce de acequias, subidas duras y llegamos al Pozo de los Aínes, curioso lugar, imaginaos en medio de los trigales una sima profunda, como treinta metros, con el agua cayendo en cascada y el fondo lleno de helechos y verde tropical. Todo muy bien preparado para el turista, con escaleras y barandillas de metal, cuando bajábamos alguna célula detectó nuestra presencia y los altavoces se pusieron a explicarnos la leyenda del lugar, con amores desgraciados de princesas cristianas y pretendientes moros, ¿o era al revés?.  Nos encantó el sitio y el esfuerzo turístico, en cualquier sitio pagas por ver esto 15 euros.

Nos internamos por el macizo del Moncayo y el paisaje empieza a cambiar, suelos duros y muchas encinas, agua por todas partes en arroyos, charcas y embalses, pequeños pueblos  edificados en alto alrededor de la iglesia, siempre con torre de ladrillo mudéjar, Grisel, San Martín, Lituénigo, Trasmoz, primero en ladrillo y adobe, después en pizarra, el paisaje marca los materiales. ¿Y porqué los pueblos están siempre en alto? nos preguntamos. División de opiniones, unos creen que para evitar las riadas, otros creemos que por motivos defensivos, los moros para defenderse de los cristianos o  viceversa, depende de a quién le tocara estar dentro, aquí se ve la historia por todos los rincones, y diez horas sobre una bici dan para mucho.  
 
Enfilamos dirección hacia el Moncayo por caminos con bonito nombre, la “senda de los oficios” y luego la “senda de los embalses”, pasamos Trasmoz y nos da tiempo a hacer turismo entrando en el Monasterio de Veruela (1,8 euros), con claustro gótico muy bien conservado y un museo del vino de Borja, donde desgraciadamente no dan una cata gratis, tienes que comprar. Vamos teniendo hambre, así que decidimos llegar a Añón y allí buscar quien nos alimente, hoy solo llevamos barritas, escaso premio para tanto pedaleo. En el pueblo hay hermosa iglesia y bravo castillo, pero ningún bar, al fin preguntando nos dirigen al Hotel Restaurante El Comendador, mala idea. La pinta es buena, pero no tienen allí ninguna gana de atender al personal, pedimos algo de comer pero nos dicen que el cocinero “tiene toda la cocina empantanada con los menús del día”, miramos alrededor y solo hay una parejita comiendo el menú del dia, así que este hombre se empantana con poco, o nos está dando un mensaje claro: o pedís el menú, o no coméis. Como nos espera aún la gran subida del dia no queremos llenar mucho la tripa, y además, como que no se nos pone en los mismísimos hacer lo que el señor chef quiere, así que nos tenemos que conformar con unas bravas y unos calamares congelados, eso sí, con varias cervezas Ambar para hacerlos pasar.

Poco reconfortados afrontamos la gran subida siguiendo fielmente el track, primero por los arrabales del pueblo, pisando huertas y acequias, luego por un cuestón inciclable (Raúl tío, no nos putees, que a diez metros estaba la pista!), todos sabemos que aquí empieza la gran dificultad montañosa del dia, seis kilómetros de pura ascensión que no cede ni un metro. Las capas vegetales se van sucediendo, encinares, robledales, pinar, allá la pista gira y cambia de vertiente y me engaña, digo en voz alta “ya se ha acabado, no era tanto”, iluso, allí es justo donde empieza lo gordo, es lo que tiene ir sin GPS, que vas engañado, pero yo la verdad lo prefiero. Ahí son ya las alturas peladas, el silencio y el susurro del viento, hace frío y niebla, cada uno va por separado luchando contra sí mismo y contra las ganas de bajarse, me recuerda los grandes puertos de El Soplao. Al fin coronamos el collado de La Estaca y ya es llaneo por las cuerdas de la cordillera, cambiando de valle, subiditas y bajaditas, pero nada que ver con lo que acabamos de pasar. 

Y por fin nos reagrupamos arriba y nos tiramos cuesta abajo por bonitos senderos, y tras una curva aparece el pueblo de Talamantes, fin de jornada, qué alegría ver su plaza, su iglesia, su castillo arriba de la peña, se acabó por hoy el suplicio, salvo para algún chalado que quiere redondear los 2.000 metros de ascensión en el GPS y se pone a subir y bajar las cuestas del pueblo.

Talamantes merece comentario aparte, un pueblito precioso con solo 65 habitantes de derecho, muchos menos de hecho a juzgar por lo que vimos por allí. Sin embargo, y al igual que todos estos pueblos de montaña aragoneses aparece muy cuidado, con las calles asfaltadas y limpias, la iglesia restaurada y un ayuntamiento con salón comunal y wifi gratis en la plaza. Parece que los Gobiernos de Aragón o las Diputaciones están cuidando este tema e inyectando presupuesto. Tiene también un pulcro albergue municipal regentado por una simpática pareja con niña, zaragozano él (Arturo), cubana ella (Bárbara), encantadores nos reciben, instalan y alimentan, menudo tapeo, menuda cena y menudo desayuno-almuerzo de huevos con embutidos fritos, Barbara es gran cocinera y se lo toma muy en serio, se viste de chef con gorro alto cada vez que entra en la cocina.

Reconfortados con las cervezas y la cena nos acercamos a la plaza a usar el wifi y luego al salón-bar del ayuntamiento a tomar unos pacharanes con Arturo, hablar un poco y ver las nostálgicas fotos de la escuela del pueblo hace noventa años, a reventar de niños en pantalón corto y con moratones en las piernas, y de niñas formalitas y con coletas. Y finalmente nos acostamos en las literas a hacer fuerzas para mañana, el dormitorio es común pero somos los únicos clientes del dia, y como estamos muy delgados no roncamos, así que pasaremos muy buena noche, más nos vale…

67 kilómetros, 2000 metros de ascensión, diez horas sobre la bici, una mañana relativamente placentera con toda la tralla reservada para la tarde, una subida agónica y una experiencia estupenda, nuevos paisajes, nuevos pueblitos, muchas cosas para salir de la rutina y temas frescos para charlar con los amigos y escribir blogs, ¿se puede pedir algo más?.

lunes, 14 de julio de 2014

Un Viaje a Uganda.

Hola viajeros, todos lo somos en una u otra medida, este blog andaba algo paradillo esperando grandes historias que contar, y ahora tengo una buena, nuestro reciente viaje a Uganda.

¿Porqué Uganda precisamente? Africa tira mucho, es un continente que está y estará siempre de moda. Conocemos bastante del norte, Marruecos, Egipto, Túnez, Argelia, pero si dices eso en el Africa negra (perdón por la anticuada y sospechosa expresión) te dirán de inmediato que eso no es Africa, sino otra cosa. En la parte africana de Africa conocíamos ya Kenia, y el viaje allí nos dejó con muchas ganas de más, así que el viaje estrella de este año tenía que ser a las tierras de Tarzán. Uganda es todavía un país fuera de los circuitos turísticos y poco anunciado, pero los viajeros vocacionales saben que Uganda es La Perla de Africa, en su tamaño mediano encierra todo lo que se puede querer descubrir: lagos como mares y lagos pequeñitos, islas, las cataratas más rápidas del continente, sabanas y selvas vírgenes, llano y montañas, calor y frío brumoso. Tiene además algo que engancha infaliblemente a los aficionados a la naturaleza, los últimos gorilas de montaña y chimpancés salvajes del mundo, ir allí es un acto de reivindicación y una ayuda potente para la conservación. Y por último, Uganda tiene algo que a nosotros nos tira mucho, una población de gente buena y nada maleada por el turismo, auténtica y deseosa de contactar y de intercambiar experiencias con el “mzungu”, es decir, con el hombre blanco.

Con todos estos argumentos y con mucho entusiasmo me puse a buscar un proveedor, no es nada fácil,
Kenia y Tanzania tienen una larga experiencia turística y muchos turoperadores expertos, pero Uganda está en mantillas en esto. Unas pocas agencias de Madrid y Barcelona especializadas en viajes de aventura ofrecen circuitos casi a medida, básicamente excursiones colectivas de al menos diez personas en camiones todo terreno especialmente adaptados, con pernocta en tiendas de campaña y alojamientos de nivel medio. Es una fórmula buena para hacer amigos, pero nosotros ya tenemos decidido, después de probarlo casi todo, que preferimos el viaje en pareja con guía y vehículo dedicado. Parece una fórmula carísima, pero buscando un poco la diferencia de precio no es mucha. Después de mirar por la Red contactamos con una empresa ugandesa (Mamaland Safaris) y apalabramos un circuito de quince días incluyendo las grandes atracciones del país, y también la extensión al norte, la reserva de Kidepo, más aislada e inaccesible, que no suele incluirse en los circuitos.

Nuestra impresión sobre el país: un nivel económico bajo, con una economía agrícola en niveles de supervivencia, carreteras que son más bien pistas forestales, muchos muchos niños de corta edad, no parece haber problemas de alimentación y el país hace un importante esfuerzo de escolarización, en algunas zonas sí parece haber problemas de trabajo infantil. Escaso desarrollo de la industria turística, con pocos alojamientos de nivel medio y precio bajo (que es lo que uno trata de encontrar siempre), tienes o campamentos para mochileros o lodges de lujo y precios prohibitivos. Por eso es muy importante el asesoramiento del proveedor local. Para no perderme en la descripción de los quince días que tuvimos, pongo un ranking de las cosas que hay que ver, primero las mejores a nuestro juicio.

1.- Visita a los gorilas salvajes en el Bosque Impenetrable de Bwindi. Este es para mí un top mundial en las
experiencias viajeras, lo más de Uganda. Otras agencias ofrecen la visita en los bosques de Ruanda, pero allí los gorilas están cerca, la gente dice que es como ir al zoo. Aquí te lo tienes que ganar, son dos horas de caminata por laderas muy escarpadas hasta que encuentras al grupo, pero una vez allí ¡qué experiencia!, qué animal tan hermoso, qué inteligente parece. Nuestra presencia no les molesta, viven su vida de comer y dormir en el inmenso plato de ensalada que es la jungla, a pocos metros de ti, sin sentirse intimidados, más bien parecen interesados en nosotros. Intentan aproximaciones disimuladas, se acercan y te miran a menos de un metro, los bebés se columpian enseñándote sus habilidades, en dos ocasiones los machos dominantes se nos echan encima y nos pegan un empujón, según el guía para jugar y probarnos. Es una experiencia de las que te marcan y te dan qué pensar. Los permisos para verlos son carísimos, según la época entre 600 y 750 $, pero el montaje de su conservación incluye guías, porteadores, rastreadores, guardería, instalaciones, y teniendo en cuenta que en el grupo íbamos cuatro turistas con diez acompañantes, a mi juicio lo vale. Ya se que por ese precio puedes pasar una semana en Roma, pero a mí esto se me queda, y lo otro no tanto. Esta es además una eficaz contribución al futuro de la especie, gracias a estos ingresos su número no para de crecer. En los tiempos de Idi Amín quedaban solo 30 gorilas censados en Uganda, en los carteles explicativos del parque pone que son ya 300, pero los propios rastreadores han puesto a boli el último censo: 430. En efecto, los animales parecen lustrosos, bien alimentados y con la piel brillante, psicológicamente felices, y hay muchos bebés. El área en la que viven es realmente remota y de bosque virgen, pero no os preocupéis por lo de la caminata, la gente va al ritmo que marquéis y todos podemos hacerlo, hasta los más desentrenados. Eso sí, cuando os ofrezcan los porteadores tomad al menos uno, en los pasos difíciles es de gran ayuda.

2.- Visita a los chimpancés salvajes del bosque de Budongo. El chimp estuvo también al borde de la extinción en libertad, pero desde la protección se ha recuperado espléndidamente, hay 600 ejemplares solo en esta zona, se calcula que unos 6.000 en Uganda. Este es el bosque donde realizó sus investigaciones durante más de 40 años Jane Goodall, la gente tiene por ella auténtica reverencia. Pese a lo que la gente cree, el chimpancé es un primate menos comunicativo que el gorila, no se deja ver con facilidad y nosotros solo llegamos a tenerlos a cierta distancia, aunque vimos muchos. Pasan de los humanos y van a su bola, no les interesamos. Un aliciente añadido, pasar la noche en el Budongo Eco Forest Lodge, un alojamiento de cabañas prefabricadas de madera lujoso y agradable, metido en la selva más espesa, menudo estruendo de pájaros, monos y demás fauna al amanecer. Atentísima la gente de este lodge, qué gusto cenar a la luz de las velas y al aire libre con manteles de hilo y vajilla de porcelana (como en Memorias de Africa), y todo por un precio razonable.

3.- El parque Natural de Murchison Falls. En las cataratas Murchison el Nilo salva un desnivel de unos 60 metros cayendo por un estrechísimo desfiladero, os podéis imaginar el estruendo y el vértigo que da ver esa inmensa masa de agua que se comprime y ruge, te vibra toda la carcasa estando allí cerca. El agua rebota contra las paredes de roca, y nubes de agua pulverizada salen del desfiladero entre arcoíris. El lugar se visita en un barco que sube desde el paso, a unos 20 kms río abajo, pero no puede acercarse mucho por la fuerza de la corriente, hay que repetir por tierra al dia siguiente, la pista te acerca a los miradores que dominan el desfiladero y allí te haces unas fotos y vídeos impresionantes. El parque tiene muchos otros sitios que ver, os llevarán a varias salidas en el vehículo para ver jirafas, elefantes, búfalos, leones y, si tenéis suerte, leopardos. Bajaréis hasta el Nilo varias veces a ver hipopótamos y cocodrilos, el paseo por las riberas resulta muy agradable. Nosotros nos alojamos en el Red Chili, un camp de nivel medio y ambiente mochilero, pero muy bien situado, hay cabañas y tiendas fijas. Por la noche subió un hipopótamo desde el río a pastar el césped entre las tiendas, un espectáculo algo inquietante.

4.- El parque natural Queen Elizabeth y el canal Kazinga.- Es el parque más extenso del país, realmente una inmensidad con muchos ambientes diferentes: sabana de acacias, sabana de palmeras (este paisaje era nuevo y espectacular para nosotros), selva cerrada, lagos y siempre el Nilo, omnipresente. Se hacen varios game drives en los que tienes asegurado ver elefantes, jirafas, leones y varias clases de antílopes. El paisaje de algunos valles verdes llenos de palmeras y grandes herbívoros es como el del día de la creación, solo falta el fondo musical de Elton John en El Rey León. La excursión en barco por el canal Kazinga es otro top, los elefantes se bañan y pelean en la orilla, ahí mismo. Se visita también el mirador sobre el lago salado, y aquí merece la pena pedir al guía que os baje a conocer la realidad de los trabajadores de la salina, que amablemente os harán una demostración de cómo mueven el agua y cómo la esparcen una y otra vez hasta lograr una capa cristalizada que se recoge en montones y luego se vende. Un trabajo duro y mal pagado, agradecerán una propina, bebidas, caramelos y lo que queráis darles.

5.- El parque natural de Kidepo.- Como digo por ahí, está en el remoto norte, en la frontera con Sudán.
Hay que plantearse si incluirlo o no en el viaje, porque es duro llegar allí (salvo en avioneta, que encarece el viaje bastante), las carreteras son malísimas, y los alojamientos precarios, se vive dentro del parque así que no hay restaurantes, hay que llevarse las provisiones y cocinar allí. El paisaje es verde y precioso, pero no hay muchos animales (diez años de pillaje de la guerrilla tanzana lo dejaron arrasado). La gente es en esa zona muy pobre y el paisaje está intocado, allí se ven los verdaderos poblados de chozas tradicionales, pueden visitarse (Loloko), es una visita que merece la pena. Si queréis ver lo más mollar del país en diez días no vayáis, pero si queréis conocer de verdad Uganda no os lo podéis perder.

6.- El área volcánica de Kibale.- Un maravilloso conjunto de lagos en antiguos cráteres rodeados de selva espesa, un ambiente húmedo y neblinoso, nada que ver con lo que uno se cree que es Africa. Junto al lago Nkuruba hay una zona de selva llena de monos, colobos negros, colobos rojos, colobos de cola roja y Vervets, salvajes pero acostumbrados a la presencia humana, peleando y posando para la cámara. Imprescindible.

7.- Ishasha y los leones trepadores. El león es un pésimo trepador, pero en esta reserva se han acostumbrado a dormir en lo alto de las higueras. Lograréis avistar algunos, pero si están lejos del camino solo veréis las colas y patas colgando. Esta es otra diferencia con Kenia: allí puedes acercarte en el coche hasta los animales, en Uganda está prohibido el off road, así que si no tienes mucha suerte solo los verás de lejos, con prismáticos.

8.- El lago Bunyonyi.- Uno más de los varios lagos de la zona, en este hay islas con lodges turísticos a los que solo puedes acercarte en canoa. Se puede alquilar una tradicional de tronco vaciado (ingobernable, pero divertida), nadar o visitar las plantaciones de té y los mercados de los pueblos. En la colina que domina la zona está uno de los restaurantes más agradables del país, el Lake View, te puedes tomar una rica tilapia asada en la terraza mirando el paisaje.

9.- Las plantaciones de té.- Muy abundantes en el camino entre Queen Elizabeth y Fort Portal y en varias áreas montañosas, siempre nos producen una sensación de paz con sus hileras de arbustos verdes bien ordenadas y su ambiente húmedo y nublado. El lodge llamado Chimpanzee Wiew Guest Cottage está junto a una de ellas, las vistas desde la cabaña que nos dieron son las mejores que hemos tenido nunca, en ningún viaje: árboles, valles, flores, plantaciones de té, pájaros coloridos y cantarines que no tienen otra cosa que hacer que venir a darte la serenata, un sitio para morirte y que te entierren.

10.- La gente.- Como ya he dicho, la gente es pobre, y hay muchísimos niños. El turismo es aún raro, así que parece como si la gente no supiera aún cómo reaccionar. Nadie te aborda, nadie te pide nada, las familias consideran denigrante mendigar y así se lo inculcan a sus hijos, así que los críos mantienen un simpático interés y te preguntan cosas básicas en inglés, pero no piden. Si sales de la calle principal y te metes por los poblados se forma un revuelo de críos (“¡mzungu!, ¡mzungu!”), y muchas personas te abordan para darte la bienvenida y agradecerte que hayas ido. Es bueno llevarse material escolar (cuadernos, bolis, ceras, calculadoras pequeñas), y donarlos a las escuelas a las que os llevarán, los niños son un encanto y tienen mucho interés. Si lleváis un Ipad y hacéis una foto a la clase y se la enseñáis, les encantará. También se puede llevar una buena carga de chupachups o piruletas (no caramelos sin palo, es un peligro), pero mejor entregarlos a la madre de familia o la maestra para que lo reparta, si no puede haber una revolución.

11.- La comida.- No hay congeladores fuera de Kampala, ni granjas de pollos, así que todo lo que os sirven es fresco y natural, los guisantes son de vaina, el pollo estaba corriendo por la calleja hace un rato (son musculosos y duros, tampoco conocen la olla a presión), los huevos son de gallina casera. La comida local es muy básica, casi toda vegetal: arroz, Matoke (pasta frita de plátano macho), Yaams (un tubérculo morado que sabe a castañas), Mandioca hervida, Ugali (masa de harina de maíz), todo acompañado de salsa de carne y cacahuetes, y quizá un hueso con algo de carne para roer. No es costumbre comer pan. La gente está acostumbrada a lo frugal, da un poco de reparo pedirte un buen filete cuando por allí no lo catan casi nunca. Nosotros dimos a los guías unas barritas de muesli y chocolate y nos confesaron que aquello era lo más rico que habían probado. La cerveza es cara pero está muy buena, pero eso sí, solo tibia. La piña tropical es muy dulce, y los aguacates son grandes y en su punto de maduración, hay que probar la caña de azúcar y el Jackfruit, una especie de calabazón parecido al Durián. Comen bastante pescado, siempre de agua dulce: tilapia, siluro, pequeños cíclidos de lago, suele ir ahumado o salado, se puede probar, está bastante bueno. Como he dicho las comidas son frugales y nada se desperdicia (deberíamos aprender nosotros), así que cuando llegáis al alojamiento lo primero que os preguntan es qué vais a cenar y a desayunar, para prepararlo expresamente.

12.- Los pájaros.- Seas o no aficionado a la naturaleza, los pájaros en este país te llamarán la atención:
variadísimos, de colores llamativos, muchos con un canto agradable, te hacen pensar que las especies que emigran a España son lo más soso de Africa. Hay uno que canta de noche y su ruido es idéntico al de mi móvil cuando se está quedando sin batería, me tuvo sobresaltado muchas noches. ¡Llévate prismáticos!. 

13.- Las compras.- Hay algunas tiendas de artesanía, básicamente figuras de madera, cestos de hierba trenzada, bonitas telas de colores, ropa y calzado de diseño africano, chanclas de neumático reciclado y bisutería de tipo Masai. Puedes traer un estupendo té verde, y el arroz ugandés es muy bueno también.

14.- Las ONG: están por todos sitios y forman una verdadera industria paralela, mucho dinero está entrando en el país por esta vía, seguro que la mayoría son sinceras pero alguna nos pareció sospechosa. Por ejemplo, cualquiera puede aparentemente montar un orfanato y pedir donaciones, no parece haber mucha supervisión, yo limitaría mis aportaciones a las grandes y bien auditadas, para evitar abusos. Urgente, por favor, que alguien monte una ONG para acoger a los niños y a las mujeres con bebé a la espalda que pican a mano la grava en las canteras de la zona de Kabale.

15.- Qué no debes olvidar: repelentes y pulseras para mosquitos, una mosquitera de campaña, crema solar (30 al 50), gafas de sol, prismáticos y material fotográfico, ropa tipo safari con mangas largas y de colores claros, gorros, un Polar para los días frescos, chubasquero ligero, una mochila pequeña, algo de comida de reserva (barritas y tal), calzado cómodo y muchos calcetines. Se pueden llevar algunas medicinas, pero las farmacias de allí, aunque parezcan destartaladas y vacías de todo, tienen sorprendentemente la mayoría de los genéricos que puedas necesitar. La gente se obsesiona con el material de montaña, botas, palos plegables y demás, si lo tienes llévalo pero si no no pasa nada, en el trekking te dan un palo de madera y hasta te alquilan las botas de agua. Se puede sacar moneda nacional en cajeros (ojo, Visa y no Master) y elcambio es el oficial en todos sitios. Aceptan también euros y dólares al cambio oficial, pero es cierto eso de que no quieren los dólares anteriores al año 2001, no los toman en ningún sitio. En cuanto a las propinas, hay que darlas si te hacen un servicio (las señoras te cogen el maletón y se lo suben a la cabeza, te da complejo de vago), pero no vayáis por ahí soltando dinero a todo el mundo, o pareceréis los reyes magos.

En resumen, un viaje fascinante y recomendable, decide qué quieres ver y planéalo con cuidado (eso es parte de la diversión), conozcas ya Africa o no Uganda te va a impresionar, este no es un viaje por zonas turísticas y trilladas, es aventura de verdad, así que si las cosas no salen exactamente como se planearon ¡Akuna Matata!.